
Hay finales que se recuerdan por un marcador, otras por un título… y algunas que se quedan grabadas para siempre por una jugada. Para mí, la final de la Liga ACB 2010 entre el FC Barcelona y el Caja Laboral Baskonia pertenece a ese último grupo. No solo porque la vi con mis propios ojos, sino porque fue una de esas noches en las que el baloncesto te demuestra por qué engancha tanto.
Uno de esos partidos que no se ganan solo con talento, se vencen con carácter, con fe y con la capacidad de resistir cuando todo parece torcerse. Esa final fue la viva imagen de esto, una serie inolvidable que terminó con una de las jugadas más icónicas que ha dejado el baloncesto español.
Un contexto de máxima exigencia
El contexto no podía ser más exigente. El Barça llegaba lanzado tras conquistar la Euroliga y aspiraba a cerrar una temporada perfecta. El Baskonia, dirigido por Dusko Ivanovic, tenía claro que su oportunidad pasaba por competir cada posesión como si fuera la última. Y lo hizo.


Los vitorianos sorprendieron al mundo del baloncesto ganando los dos primeros partidos en el Palau Blaugrana (58-63 y 69-70), un golpe psicológico brutal que dejaba la serie muy cuesta arriba para los azulgranas. Con el 2-0, la final viajaba al Fernando Buesa Arena, donde el Baskonia tenía la posibilidad de cerrar el título ante su gente.
Buesa Arena preparado para una noche histórica
Desde el inicio del tercer partido quedó claro que no iba a ser una noche tranquila. El Baskonia salió decidido, con un planteamiento ofensivo agresivo y un parcial inicial de 8-2 que encendió a la grada. La defensa adelantada de los locales incomodó muchísimo al Barça, que se vio obligado a abusar del tiro exterior para encontrar soluciones.
Xavi Pascual trató de ajustar desde el banquillo. Abandonó la defensa individual para apostar por la zona, buscando frenar las continuas incursiones de Tiago Splitter y Mirza Teletovic. El movimiento surtió efecto y el marcador se equilibró hasta cerrar el primer cuarto con un ajustado 22-18.
En el segundo cuarto, el Baskonia volvió a imponer su ritmo. Jugó a lo que quería, encontró mejores tiros y llegó a disfrutar de su máxima ventaja hasta el momento (37-28). El Barça, errático en el lanzamiento, resistía sin dejar que la brecha fuera definitiva, llegando al descanso todavía con opciones reales.
La segunda parte fue un ejercicio de supervivencia. El Barça, apoyado en la defensa zonal, logró darle la vuelta al marcador y terminó el tercer cuarto por delante (52-53). Todo quedaba abierto para un último periodo que ya dejaba intuir que viviríamos una noche histórica.
Y no defraudó.


Un último cuarto para el recuerdo
El último cuarto fue un auténtico infarto. A menos de un minuto del final, un triple de Pau Ribas colocó al Baskonia cinco arriba (66-61) y el Buesa Arena estalló. Pero el Barça no había dicho su última palabra: Navarro clavó un triple y Ndong machacó el aro para empatar el partido (66-66) a falta de 30 segundos.
El desenlace del tiempo reglamentario estuvo marcado por la polémica. Eliyahu atacó el aro y recibió un tapón de Morris cuando el balón ya descendía. Los árbitros dieron la acción por válida y el partido se fue a la prórroga.
El 2+1
En el tiempo extra, los nervios dominaron la escena. Un triple de Ricky Rubio puso cinco arriba al Barça y heló el pabellón, pero el Baskonia respondió con orgullo. Teletovic, eterno en estas noches, anotó un triple clave y acercó a los suyos a solo un punto a falta de nueve segundos.
Y entonces llegó el momento.
Eliyahu recibió falta y llevó el balón a manos de quien tenía que estar. Fernando San Emeterio. El cántabro no decepcionó a aquellos que estábamos ojipláticos en nuestros salones disfrutando de aquel partidazo. Fue como una exhalación fuerte al aro, anotó, provocó la falta y convirtió el tiro libre adicional a falta de medio segundo. El famoso 2+1 que selló el 79-78 definitivo y entregó al Baskonia su tercer título de Liga ACB.
El resto es historia.

Una final para la historia del baloncesto español
Aquel 15 de junio de 2010, el Caja Laboral Baskonia culminó un contundente 0-3 en la final frente a un Barça campeón de Europa. Una gesta construida desde la defensa, el carácter y la convicción. Una final que no se explica sin nombres como Splitter, Teletovic o Ribas… pero que siempre será recordada por un apellido: San Emeterio.
Porque hay jugadas que no solo deciden un título. Hay jugadas que se quedan para siempre en la memoria del baloncesto. Y esta, sin duda, fue una de ellas.